Hace unos días una amiga me comentó que se había indignado al conocer el salario de un trabajador de una ONG. Este trabajador cobra unos 2.200€. Este comentario de mi amiga me ha llevado a plantear este post como un intercambio argumental sobre los salarios en las entidades no lucrativas.
He hecho una búsqueda por internet y no hay muchas aclaraciones al respecto, ya sea porque las fuentes eran antiguas (de hace más de 10 años) o porque eran fuentes de baja credibilidad.
Conviene aclarar aquí que no hay convenios de entidades no lucrativas o del Tercer Sector en general, aunque sí de determinas entidades. Un ejemplo de ello son las entidades de acción e intervención social (Resolución del 5 de junio de 2007 de la Dirección General de Trabajo).
En los casos en los que no hay convenio de ninguna clase se acaba recurriendo al convenio de la clase laboral a la que corresponda el puesto, siendo el más utilizado el Convenio de Oficinas y Despachos.
¿Dónde está el límite salarial? Y ¿el mínimo?
El planteamiento más lineal es que “es hipócrita tener un salario elevado cuando pretendes acabar con la pobreza” (léase pobreza, marginación, violencia, etc.). Otro argumento en contra de los sueldos altos en las entidades no lucrativas es el relacionado con los recursos limitados con los que trabajan. En relación a este se plantea que si las personas hacen aportaciones a las ONG es para que se cumpla el fin, no para que los trabajadores vivan a cuerpo de rey.
Frente a estos argumentos se sitúan los pro-sueldos dignos. Por un lado, suponen un ejemplo salarial para el resto de entidades privadas. Por otro, el funcionamiento de la entidad será más racional, eficiente y eficaz en la medida que cuente con trabajadores más motivados y dedicados a la labor. Otro argumento en defensa de los salarios decentes es el hecho que un trabajador repercute más su salario en el fin de la entidad (por ejemplo, un comercial capaz de conseguir un donante privado importante a través de la responsabilidad social corporativa).
No podemos dejar de comentar que en muchas ocasiones aunque los salarios sean “altos” están muy alejados de los que se cobraría en las empresas privadas porque el trabajador prefiere menos salario a cambio de un fin social.